sabato 31 dicembre 2011

El libro del año

No se me habría ocurrido nunca escoger un “libro del año”, a modo de óscar del reducido ámbito de mis lecturas. Pero esta vez da la casualidad de que cuando el año está para terminar he leído un libro que en España ha sido publicado en 2011 y que me ha parecido tan bueno que merecía un premio de ese tipo. Me refiero a Los perros y los lobos, el último título de Irène Némirovsky que la editorial Salamandra ha puesto en las librerías.
En la portada vemos a una mujer rubia y de ojos claros que nos mira distendidamente. Desde luego, no es Ada Sinner, la protagonista de la novela. Es, supongo, Laurence, la mujer de Harry Sinner, el primo de Ada. Laurence es francesa y católica; Ada, en cambio, es una judía ucraniana que ha llegado a París de niña y a la que la revolución rusa ha alejado para siempre de su patria. Para ver el retrato de Ada no tenemos que mirar la portada, sino la solapa anterior, donde encontramos una foto de una mujer de pelo y ojos oscuros: Irène Némirovsky, la propia autora de la novela. Los perros y los lobos, en efecto, es seguramente su obra más autobiográfica.

Se trata de una obra de madurez: la madurez que tenía Irène Némirovsky a los 37 años, en 1940, cuando publicó la novela (moriría solo dos años más tarde, en Auschwitz). La acción, quizá con la excepción de los primeros capítulos, los de la infancia en Ucrania, está llevada con un ritmo ágil y con un sabio manejo de la situación dramática, como un río caudaloso y veloz que sabe perfectamente qué meandros va a encontrar en el camino y a qué mar le van a conducir.

El lenguaje es delicado y profundo, rico en matices y en carga simbólica. El título me hace suponer que Irène Némirovsky había leído a Jack London. Perro y lobo son los dos distintos modos de ser de la familia Sinner: el de quienes —como Colmillo Blanco, el protagonista de la novela homónima de London— se han “civilizado” y el de quienes permanecen fuera del sistema (al margen y por debajo). Son todos muy parecidos, son todos judíos…, pero cada cual tiene su destino.

En el último capítulo de la novela yo intuyo también una cierta clave de lectura teológica que quizá estos días el calendario, por lo de la Navidad, me ha facilitado reconocer. Solo diré que en 1939, el año anterior a la publicación de este libro, Irène Némirovsky se había convertido al catolicismo, sin dejar por eso de sentirse judía.

venerdì 16 dicembre 2011

Roma turistica

Se Nathaniel Hawthorne avesse scritto soltanto Il fauno di marmo (1859), oggi probabilmente non lo troveremmo nei manuali di letteratura americana. L’ho appena letto (in italiano: Giunti, 2008), e mi è sembrato poco più di un precedente del Codice Da Vinci. Non sto dicendo che Il Codice si trovi sullo stesso livello di qualità (non l’ho letto, e me ne vanto), ma sì che il cocktail di arte, religione, delitti di sangue e Roma da cartolina che Il fauno di marmo offre al lettore ha sicuramente molto a che fare con gli odierni esercizi di fantasia di Dan Brown (che comunque mai daranno luogo a un romanzo come La lettera scarlatta, il capolavoro di Hawthorne).

I luoghi del romanzo di Hawthorne sono i luoghi della Roma eterna, molto familiari anche adesso per chi vive a Roma: Villa Borghese, la chiesa dei Cappuccini di via Veneto, la Torre della Scimmia… Tutto in visione americana, ovviamente. Una visione che non è che mi entusiasmi. Per carità, è simpatico vedere un americano, o comunque un turista (Hawthorne, che ha vissuto in Italia due anni, è stato qualcosa di più di un turista), proiettare i suoi tic mentali sulla millenaria scenografia romana. Ma tante volte lo stereotipo, soprattutto quando nasce dalla chiusura allo sforzo di comprensione, è altezzoso e belligerante. E ciò purtroppo si verifica nel romanzo di Hawthorne, che, pur tra tanti attestati di meraviglia, non risparmia i toni spregiativi sia nei confronti dell’Italia che della Chiesa di Roma.

Un inciso. Per un’ironia della sorte, quel puritano antipapista di Hawthorne, critico con la Chiesa cattolica e implacabile in particolare con gli ordini religiosi, ha avuto una figlia che si è convertita al cattolicesimo e, dopo la morte del marito, ha fondato un ordine religioso: Rose Hawthorne. Insomma, come se una figlia di Dan Brown diventasse adesso numeraria dell’Opus Dei.

Torno alla Roma turistica e finisco. Alcuni dicono che Roma non è una città per viverci, e naturalmente a suo tempo Hawthorne è stato di questi. Io ci sono arrivato più di vent’anni fa e non me ne sono andato: ovviamente mi è piaciuta. Infatti, sento di vivere in una città eterna, malgrado i turisti, ma non noiosa (anche grazie ai turisti).

domenica 27 novembre 2011

Ricordando Margaret Ogola

Margaret Ogola è morta lo scorso 22 settembre. Un cancro l’ha uccisa a soli 53 anni.

Ho scoperto Margaret Ogola come scrittrice alcuni anni fa, quando ho letto Il fiume e la sorgente (San Paolo, 1997). Poi l’ho scoperta anche in altre vesti: quella di medico pediatra, quella di madre di famiglia, quella di donna saggia e coraggiosa, orgogliosa di essere africana…

Una volta ho sentito certi suoi discorsi sui volti dei bambini. Parlava, in modo veramente toccante, dei bambini che lei vedeva morire in un ospedale di Nairobi per orfani malati di aids: un ospedale di cui lei era direttore medico. Lei alludeva ad altre realtà forse più profonde (era una donna di fede), ma io ho pensato subito che quei bambini orfani stavano morendo con il conforto di avere accanto a sé una mamma dolce e forte. Tra l’altro, Margaret Ogola aveva, oltre ai suoi quattro figli, altri due adottati, provenienti dalla sua famiglia allargata (questo però sembra che non sia un fatto eccezionale in Africa).

Anche Akoko, la donna “sorgente” delle quattro generazioni di donne che defluiscono attraverso Il fiume e la sorgente, è dolce e forte. Tanto dolce da indurre il capo della sua tribù a chiederla in moglie e a sborsare per lei un conto salato; e tanto forte da obbligare poi il suo uomo a non sposare altre donne, in barba alle usanze che legittimano la poligamia.

La storia di Akoko è una storia di riscatto, ma le altre donne del romanzo, figlie e nipoti di Akoko, non sempre vedranno coronate dal successo le loro traiettorie. Comunque, tutto sommato Margaret Ogola è ottimista, ha fede nella donna africana. “Sì, sono molto fiduciosa. Forse c'è qualche problema con il mio cervello! Una volta qualcuno mi ha attaccato perché il mio libro era tanto pieno di speranza, e io non me n'ero resa conto”, ha dichiarato nel 2005, in un’intervista per Mercatornet.

Il bel canto funebre che Akoko improvvisa alla morte del marito, un canto intenso, semplice, mesto, ha un battito tipicamente africano: vi si sente lo slancio del jazz. Vorrei oggi poter intonare qualcosa di simile per Margaret Ogola. Non ne sono capace, e devo accontentarmi con questo modesto omaggio scritto.

domenica 13 novembre 2011

Peregrinos

¿Puedo permitirme comentar en este selecto libro fórum un instant book, por una vez?

—Bueno, pero que no se repita.

Vale… Pues hablo entonces de Arturo San Agustín, pluma venenosa del Periódico de Catalunya, que acaba de publicar Un perro verde entre los jóvenes del Papa (Ediciones Khaf), un libro reportaje sobre la Jornada Mundial de la Juventud del pasado agosto en Madrid.

Arturo San Agustín tiene apellido de santo y de converso, pero no sé yo si él, tras su experiencia de Madrid, se considera un converso. Desde luego, su libro tiene poco que ver con las Confesiones del otro San Agustín. No termina en metanoia, si es que alguien se lo esperaba.

En todo caso, yo respeto su intimidad, como aquel taxista madrileño que llevó uno de aquellos días a la Almudena a él y a otros dos colegas:

“—… No sé si son ustedes catalanes, pero cuando alguien da un palo a Mourinho, catalán seguro, y que conste que a mí no me gusta Mourinho. ¿Ustedes van a misa?

Ahora soy yo, que no me gusta el fútbol, quien decide intervenir.

—Sí, a mí me gusta Mourinho.

—A usted no le gusta Mourinho y perdone, no tenía que haber entrado en temas íntimos. Hay cosas que no se deben preguntar.

—Se equivoca. Se puede preguntar todo. Se lo digo yo que soy periodista. Otra cosa es que se quiera responder.

—Ya.”

Vamos, que Arturo San Agustín prefiere hablar del Madrid, aun siendo de Barcelona y no sabiendo nada de fútbol, que de sus creencias.

A la vez, sin embargo, su libro da voz a historias edificantes, a experiencias de fe profundas.

Hay un relato que ha removido viejos recuerdos en mí: el de los jóvenes de una parroquia de Barcelona que salen andando de Montserrat a las cuatro de la mañana y caminan en silencio durante las dos primeras horas. Yo esa experiencia, de modo seguramente menos organizado, la he vivido, y no solo en Montserrat, aunque también. Y doy fe de que cuando te pones en camino antes del alba en plena montaña, lo que te pide el cuerpo es el silencio, porque todo lo que puedas decir en ese abismo que se abre dentro de ti entre la montaña y la alborada te parece superfluo, si no es oración.

“Pilgrim it’s a long way to find out who you are… to find out where the winds die and where the stories go”, dice Pilgrim (“Peregrino”), una canción de Enya. Eso, ¿dónde van a parar las historias de los hombres?

Que todos somos peregrinos suena hoy a tópico, por desgracia… Suena a tópico, sí, porque hoy ya no sabemos distinguir, entre los ruidos del camino, la llamada de nuestro destino personal.

domenica 30 ottobre 2011

La guerra de Orwell

Orwell en España, volumen publicado por Tusquets en 2003, reúne setenta escritos de George Orwell (1903-1950) sobre la guerra civil española. El más extenso es Homenaje a Cataluña, el relato de su experiencia como voluntario durante la guerra. Homenaje a Cataluña apareció en 1938 y normalmente se edita como libro a se: aquí ocupa unas 200 páginas sobre un total de 450. En las 250 restantes hay artículos, reseñas de libros, cartas y otros textos menores.

No todo me gusta en La guerra de Orwell. En especial, no me convence nada su visión edénica de la revolución. Para Orwell, la historia de la guerra de España (en su primer año, que es el que él vivió) es muy simple: tras un golpe de mano burgués, la clase obrera responde con una saludable revolución, pero al cabo de unos meses el aparato comunista, nueva encarnación de la burguesía, ahoga la revolución en sangre.

Me faltan cifras, pero estoy seguro de que los militantes de la CNT y del POUM asesinados por los comunistas en 1937 son bastantes menos que los curas asesinados por militantes de la CNT y del POUM en los primeros meses de la guerra. La revolución quizá tuvo esos bellos efectos que Orwell menciona (se impone el tuteo, se prohíbe la prostitución…), pero su sustancia fue patética, y de eso Orwell no parece darse cuenta. Matar burgueses y curas, violar monjas, quemar iglesias, requisar fábricas para el partido (cada cual para el suyo): también en eso consistió la revolución, si queremos ver las cosas como son. A la Iglesia, víctima fácil, le tocó hacer de chivo expiatorio, una vez más.

No seré yo quien defienda a Orlov y a Togliatti, pero al menos en Barcelona todo el mundo dice que desde mayo de 1937, cuando los comunistas ajustaron cuentas con anarcos y trotskistas, en la calle empezó a haber una cierta seguridad y un cierto orden, en vez de la arbitrariedad y la violencia revolucionarias.

Reconozco, de todos modos, que a pesar de esa miopía ideológica Orwell en España (y, en particular, Homenaje a Cataluña) es buena literatura: no es propaganda, o al menos no solo. Algunos pasajes merecen un replay después de la primera lectura: por ejemplo, la descripción de las distintas clases de bombas que Orwell ve caer a su alrededor en el frente de Huesca.

Un último punto: hay que descubrirse ante el editor de la obra, Peter Davison, que ha hecho un trabajo impresionante de exploración bibliográfica y de anotación.

sabato 15 ottobre 2011

L'ultima di Canin

Nel 2008, pochi mesi prima della morte di Ted Kennedy, Ethan Canin ha pubblicato America America, un romanzo che racconta la storia di un senatore, Henry Bonwiller, scolpito sul modello del senatore Ted Kennedy; e anche la storia di una famiglia, i Metarey, costruita a immagine della stessa famiglia Kennedy, con tanto di ricchezza, militanza democratica e infortuni aerei.

Il romanzo non è quell’apice nella carriera di Canin promesso dai titoli di coda promozionali, almeno nella versione italiana (Ponte alle Grazie, 2011). Eppure ho deciso di parlarne qui, perché comunque mentre lo leggevo non sono mancati i momenti di godimento.

Tra i personaggi secondari c’è Clara Metarey, una ragazza che ne combina di tutti i colori. È stata forse soprattutto lei a fare della mia lettura di America America una esperienza stimolante. Ma è piuttosto una eccezione. Infatti secondo me il romanzo racconta una storia bella, solida, ma i personaggi difettano: li trovo un tantino mancanti di personalità, stereotipati. Con qualche eccezione, come appunto Clara.

C’è poi un altro aspetto che mi sembra censurabile in America America: l’intreccio direi troppo irriverente tra l’invenzione e la storia reale.

“I fatti storici non esistono in se stessi”, sosteneva Raymond Aron, “esistono soltanto nelle coscienze e cambiano con queste”. Almeno in parte (soltanto in parte), ciò è vero, e una delle conseguenze è che chi scrive un romanzo può inserire la vicenda che racconta in una realtà “vera”, riconosciuta dalle coscienze come “fatto storico”: può inventare un personaggio, per esempio, che si arruola nell’esercito francese e combatte in Waterloo.

C’è però una cosa che non può fare, mi sembra, o almeno non dovrebbe: nella storia di quel soldato, i francesi non possono vincere la battaglia di Waterloo. E questo succede con America America: il senatore Henry Bonwiller, personaggio inventato, si candida alle elezioni presidenziali del 1972 (quelle cioè a cui Ted Kennedy non si è presentato), e prima di vedersi tagliata la strada per una vicenda tragica (un avatar letterario del celebre incidente di Chappaquiddick), vince alcune primarie, come quelle del New Hampshire, in gara con altri candidati democratici che sono personaggi reali: Mc Govern, Muskie, Wallace…

Allora, è ovvio che nel 1972 le primarie democratiche del New Hampshire non sono state vinte da Bonwiller. Oggi con Wikipedia è molto facile informarsi su chi le ha vinte (Edmund Muskie). Si tratta “soltanto” di un fatto storico, d’accordo, ma almeno io spontaneamente mi resisto a concedere che quelle elezioni possano diventare qualcosa di radicalmente diverso —fino a farne del vincitore lo sconfitto— per via di un cambiamento nella nostra coscienza della storia.

In realtà, il nocciolo della questione non è nella filosofia della storia di Aron, ma piuttosto nel senso che ha oggi quella teoria della comunicazione poetica come “volontaria sospensione dell’incredulità” formulata da Coleridge. Oggi io posso sospendere la mia incredulità nei confronti di un personaggio non reale come Bonwiller, ma a patto che Bonwiller sia, oltre a non troppo inverosimile, rispettoso delle mie prosaiche, giornalistiche certezze informative.

venerdì 30 settembre 2011

Diversi, quindi simili

Una di loro è il titolo di un romanzo di Paola Capriolo pubblicato da Bompiani nel 2001. Una di loro, sì: un vicolo cieco di pronomi di cui, naturalmente, “loro” è più significativo di “una”.

E allora loro chi sono? Loro sono gli immigrati: “loro” in quanto da noi ritenuti diversi. Su questo argomento, la Capriolo ha pubblicato pure, pochi mesi fa, un romanzo per ragazzi dal titolo Io come te, che sarebbe un altro gioco al pronome. Fa bene Paola Capriolo a scrivere anche per ragazzi. Mi ricorda quello che diceva Gadamer negli ultimi anni della sua vita: che ormai non andava più alle università a parlare di filosofia, che preferiva andare alle scuole, perché ai nostri giorni l’animo di un giovane ventenne è già troppo condizionato, troppo inquinato, per pretendere di fargli pensare o di aiutarlo a impostare la propria vita secondo un principio fermo di ragione pratica. Non per caso Paola Capriola è filosofa.

Comunque, Una di loro non è un romanzo impegnato o edificante (in senso etico). È un romanzo che parla di estetica; e, solo attraverso l’estetica, anche di etica.

In un albergo di montagna, un professore di estetica alle prese con la stesura di un saggio scopre Iasmina, una cameriera foranea: diversa, esotica, piuttosto scialba…, soprattutto però scomoda. E con lei scopre loro, la comunità di cui lei fa parte.

Il professore non ha pace. Perché ogni giorno che passa le sue idee sulla bellezza gli sembrano più discutibili? Narciso e Narciso, ovvero i labirinti della bellezza, si doveva intitolare il suo saggio. Ma arriva un momento in cui quell’impostazione non gli dice più niente. “Né Narciso né Narciso riescono a ispirarmi altro che indifferenza”, confessa a se stesso, tra la frustrazione e la rabbia; “anzi, quel titolo stesso mi appare ormai una spiritosaggine scipita”.

Una sera, seduto in un caffè con Claudia, borghesotta detestabile all’assalto della sua amicizia, vede da lontano una ragazza magra dai capelli castagni con jeans e maglietta: è lei, pensa subito, e ciò lo turba in un modo inspiegabile. Ma la vera rivelazione arriva dopo, quando scopre che la ragazza, adesso più vicina, in realtà non è lei: è una giovane villeggiante. Quindi Iasmina non è tanto diversa, “loro” non sono tanto diversi… E quindi lo specchietto magico della bellezza ci può mostrare come bello, cioè come simile a noi, anche il cosiddetto diverso.

Non aggiungo altro: il libro va letto. Dico solo che la storia è raccontata con la solita eleganza della Capriolo, ma anche con un tocco di ironia e di comicità che forse non è abituale in lei e che sorprende piacevolmente.