
En Francia, Roth descubre lo que llama “la infancia de Europa”, una verdad de inocencia en la que es obligado reconocerse. “Desearía que el hombre nuevo”, escribe, “el próximo y el subsiguiente, el hombre de todas las formas por las que hemos de pasar y en las que tenemos que cambiarnos todavía, mantuviera el nexo con la infancia de Europa y con la suya propia o que la reencontrara como yo. En algún sitio debe de existir, creo yo, una zona protegida, en la que lo nuevo puede penetrar sin previa destrucción, deponiendo las armas e izando la bandera blanca de la paz”.
No es, por tanto, el desencanto de las expectativas juveniles lo que motiva el cambio ideológico de Roth, sino, al revés, la fascinación suscitada por un nuevo descubrimiento. Años más tarde, tras el ascenso de Hitler al poder, Roth tendrá que abandonar Berlín, y no sin motivo marchará a París; y allí morirá.
En el viaje de 1925, sin embargo, Roth visita sólo la cuenca del Ródano, de Lyon a Marsella: los nueve capítulos de Las ciudades blancas se titulan “Lyon”, “Vienne”, “Tournon”, “Aviñón”, “Les Baux”, “Nimes y Arles”, “Tarascón y Beaucaire”, “Marsella” y, como epílogo, “La gente”. En aquel paisaje provenzal encuentra Roth, sobre todo, un gran respeto por la historia: “Los niños de este país perciben que hemos de ser la continuación de los antecesores para no perdernos. Han sumergido la juventud en la historia. Empapados de la conciencia cultural de los tiempos pasados, afrontan críticos y en guardia las novedades. Nada puede asustarlos como a nosotros. A nosotros, cualquier noticia del periódico nos desequilibra. Hasta la guerra mundial pasó por este país sin dejar más rastro que el luto y las lágrimas. A nosotros, en cambio, nos infligió el caos”.
¿Es esto conservadurismo? Quizá sí, pero sólo en estado germinal. De hecho, las novelas del Roth nostálgico y legitimista todavía tardarán en aparecer. La primera, La marcha Radetzki, es de 1932.

Las ciudades blancas es un libro breve y cómodo de leer. Fue publicado en el año 2000, en tamaño agenda, por la Editorial Minúscula S.L., Sociedad unipersonal (sic).