
El Diario del alma recoge
las anotaciones espirituales que fue tomando Angelo Roncalli a lo largo de casi
setenta años, desde su entrada en el seminario hasta su muerte, cuando ya no
era Angelo Roncalli sino el papa Juan XXIII.
Roncalli nació en la
provincia de Bergamo, en una familia cristiana, numerosa (trece hermanos) y
pobre, que es como decir dos veces cristiana. Siendo ya seminarista, obtuvo una
beca para estudiar en Roma, donde se ordenó. Pero sus padres, por falta de
medios, no pudieron asistir a la ordenación.
Del Diario del alma
hay en italiano una edición crítica preparada por Alberto Melloni, un
historiador de la escuela de Alberigo, que proporciona datos luminosos sobre
algo que en una edición corriente solo se intuye: la intensa espiritualidad con
que se formaba a los sacerdotes hace cien años. ¡Qué pena que después hayamos
bajado el listón! Ciertamente los tiempos han cambiado, el ambiente es
distinto, hay exigencias que van en otra dirección, pero también es cierto que si
en los pastores de la Iglesia no hay una fuerte espiritualidad, nosotros, los
demás católicos, no vamos a pasar de mediocres corderitos bienintencionados.

Evidentemente, ambos
beben en una misma fuente: un programa formativo que hace un siglo estaba
vigente no solo en Bergamo y Roma, sino en toda Europa.